15 de diciembre de 2013

Permanece a mi lado, comparte en la alegría

Si pudiéramos preguntar a los adultos que hayan practicado algún deporte siendo niños, lo que recuerdan de esos tiempos y andanzas deportivas, seguramente sus respuestas incluirían: el divertirse, encontrarse con sus amigos, el sentirse acompañado por sus padres, y en algunos, un recuerdo cariñoso de su profesor o entrenador.

En la memoria no solo queda lo aprendido en términos de habilidades deportivas, sino predominantemente prevalecen en el recuero los afectos, y las relaciones con sus pares y adultos. Tanto o más importantes que el logro deportivo, son las relaciones significativas sostenidas en la presencia, el apoyo y la compañía.

Padres y Entrenadores

Los adultos permiten y favorecen la formación de la identidad, de la personalidad, y también posibilitan el despliegue de las capacidades y potencialidades del niño.

Muestran un mundo que ayudará al niño a formar el propio internamente; a la vez que reflejan a modo de espejo cómo él es, lo que le va a permitir reconocerse, madurar y afianzarse.

Son modelos de conducta a seguir y a imitar, son referentes para el aprendizaje de habilidades y objetivos deportivos, de maneras de ser, y de conducirse con los demás. Por esta razón los niños son permeables y receptivos a las intervenciones.

El aprendizaje estará sostenido por estas relaciones, las cuales se convierten en motor y sostén de la práctica deportiva. Dependiendo el caso, será hasta más importante que el deporte en si mismo, pues llevarse mal con quienes la comparten, es uno de los motivos de abandono aunque el deporte sea del agrado del niño.

En la práctica deportiva, son responsables en gran medida del clima emocional en el que se desarrolla la actividad, favoreciendo la participación si es divertido, o el abandono cuando hay tensión, presiones o exigencias desmedidas.

No depender de logros y medallas

Es la responsabilidad de los adultos, canalizar de manera saludable la tendencia de los niños a competir y a medirse con los compañeros; esta conducta es esperable, porque los ayuda a reconocerse, y a ver de lo que se es capaz y se puede lograr. Guiarlos para que puedan  construir su confianza y seguridad, pero que a la vez, estos sentimientos no dependan exclusivamente de sus logros o medallas; recordando que para ellos la actividad física y el juego son en sí mismo gratificantes. En este sentido, la competición y la seriedad en exceso son motivos de abandono de la práctica deportiva.

Algunos consejos para entrenadores y padres

-         Recuerden que las relaciones sociales positivas y la diversión son más importantes en los niños que los premios y una práctica correcta.
-         Cuanto más pequeños, prefieren recompensas o premios sencillos pero dados inmediatamente.
-         Suelen ser más participativos en la medida que se los invita a apropiarse de la actividad, por ejemplo inventando los juegos y sus reglas.
-          Viven el momento, en el “aquí y ahora”, les cuesta proyectar una situación futura.
-         El uso intensivo de la competición y de recompensas tiene como consecuencia transformar lo que al principio es un juego en cierta forma de trabajo.

Finalmente comparto con ustedes el siguiente verso,

De un niño a sus padres…

Permanece a mi lado,
comparte en la alegría.
El entusiasmo nos une,
tu aliento me anima.
Festeja mis logros,
se refugio en las caídas.
En la distancia,
en mi corazón,
será tu compañía.

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