8 de enero de 2018

MÁS ALLÁ DEL DOLOR

Mucho se habla del gran sacrificio, esfuerzo y dedicación que los deportistas de alto rendimiento asumen desde el inicio y a lo largo de su carrera. Mantenerse y superar dificultades propias y del contexto forma parte de su trabajo durante todo el ciclo deportivo.

Un compañero ineludible y por momentos implacable es el dolor. Presente en entrenamientos y descansos, en la vigilia y durante el sueño. Diversos estudios muestran que los deportistas suelen tener mayor tolerancia al dolor y lo perciben en menor intensidad que los sedentarios. Aun así, es un elemento de la práctica deportiva que los entrenadores deben tener presente sin subestimarlo o negarlo. No es meramente una realidad orgánica, involucra mucho más que una percepción sensorial. Investigaciones señalan que incluso el contexto puede influir negativamente en la experiencia dolorosa, provocando un estado de anticipación frente a la situación que la generará, y cuando esta llegue, será más intensa y difícil de manejar.

Un fenómeno complejo 

Son muchos y variados los dolores que puede experimentar un deportista. Veamos algunos:
- Durante los entrenamientos como resultado de las cargas de trabajo (calambres, dolores musculares agudos) y su aparición en los días posteriores
- Por una lesión aguda o crónica y por sus secuelas
- Por un traumatismo o accidente
- Como consecuencia de una degeneración articular fruto de la repetición de los mismos movimientos durante muchos años.

La Asociación Internacional para el Estudio del dolor lo define como una “experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a un daño tisular existente o potencial, o descrito en términos de daño”. Melzack y Cassey (1968) lo definen como una experiencia perceptiva tridimensional con una vertiente sensorial discriminativa, una afectiva (motivacional) y una vertiente cognitiva (evaluativa).

Hay consenso generalizado en que la experiencia del dolor no es meramente neuro-fisiológica. Existe una fuerte conexión entre las emociones y el grado de dolor orgánico percibido, su valoración cognitiva y el significado atribuido al dolor (relacionado con las expectativas de la situación en que se vive, presentes y/o futuras). Influyen también las experiencias previas, el grado de tolerancia al dolor, la confianza, y el contexto (que modula las reacciones y sus expresiones). La interacción de estas variables influye en las estrategias para afrontarlo y sobreponerse a él.

Una experiencia emocional 

Si emocionalmente es percibido como desagradable se generaran conductas de evitación o escape. Este desagrado o disgusto no siempre es explicitado por los deportistas, y puede ser la causa de rechazo, incumplimiento y ausencias, de la negativa de realizar determinados ejercicios que son percibidos como dolorosos; e incluso, de abandono.

Puede a su vez generar miedo (por ejemplo a sufrir una lesión), irritabilidad, agresividad, o preocupación. Entrenadores atentos a la aparición de estos estados emocionales son capaces con mayor facilidad de identificar si están asociados o no al dolor por la carga de trabajo, al ciclo deportivo en el que se encuentran, o debido a factores ajenos a la práctica.

Controlar la experiencia dolorosa 

El dolor brinda información sobre el cuerpo, parte de su función es la supervivencia del organismo, prevenir daños mayores e irreversibles. El deportista debe ser capaz de captar estas señales, para luego a través del manejo de la atención, y de otros mecanismos psicológicos, poner al dolor en segundo plano y continuar.

¿Es posible controlar el dolor de tal manera que no lo deje fuera del circuito? En tanto experiencia subjetiva, es sumamente difícil establecer parámetros generales que impidan cruzar el límite que conduce a una lesión invalidante o al retiro forzoso. Es el mismo deportista quien a priori ya establece o determina desde su escala de valores, qué está dispuesto a sacrificar de sí mismo a lo largo de su carrera, o con qué secuelas físicas o psicológicas está dispuesto a convivir durante o luego de su retiro.

Este posicionamiento no siempre es consciente, salvo en situaciones ineludibles (lesiones o accidentes) que lo confrontan a elegir entre seguir o abandonar por la magnitud de daño real y potencial.

Lic. Jimena Martínez 
Nota para ESTILO AD #28
http://www.estiload.com/storage/app/media/PDF/revistas/28.pdf

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